Consejos Escolares de Participación Social

Comité Establecimientos de Consumo Escolar


Una de las prioridades de la educación es la promoción de la salud, derecho esencial de todo ser humano y condición indispensable para el desarrollo. Para poder hacer efectivo este derecho, la educación debe buscar la construcción de una cultura formativa y preventiva en torno a los principales factores que inciden en la salud de la población infantil y adolescente. Entre estos factores, la alimentación cobra especial relevancia, sobre todo considerando que actualmente el sobrepeso y la obesidad se encuentran entre los problemas de salud pública más importantes del país.


De acuerdo con la Encuesta Nacional de Nutrición, en niñas en edad escolar (5 a 11 años), el sobrepeso aumentó 27% y la obesidad 47% en tan sólo siete años (de 1999 a 2006); en mujeresadolescentes, en el mismo periodo, se observó un incremento de 7.8% para sobrepeso y 33.3% para obesidad. Asimismo, la Academia Mexicana de Pediatría, A.C. y la Academia Nacional de Medicina de México, A.C. señalan que el 26% de los niños en edad escolar sufren de sobrepeso y obesidad. Por su parte, la Encuesta Nacional de Salud en Escolares (ENSE) del año 2010 muestra que, en México, existen más de 3 millones de estudiantes de nivel primaria y cerca de un millón 500 mil estudiantes de nivel secundaria con exceso de peso. Estos valores corresponden, en promedio, a más del 30% del total de la población escolar en educación básica. Además, se han incrementado los casos de niños que padecen enfermedades crónico-degenerativas, como la diabetes Mellitus tipo 2, enfermedad exclusiva de adultos, teniendo como detonantes principales el sedentarismo y la nutrición deficiente.


Las cifras de alumnos con problemas de salud relacionados a una dieta incorrecta (sobrepeso, obesidad, desnutrición, anemia, anorexia, entre otros) hacen necesario el impulso de acciones formativas, en la casa y en la escuela, que propicien cambios en las prácticas de salud alimentaria en presentes y futuras generaciones de niños y adolescentes, con el fin de garantizar el cumplimiento de sus derechos fundamentales. Con la participación de padres de familia, maestros y los propios estudiantes, se producirán cambios sustantivos progresivamente.


La violencia entre pares tiene consecuencias negativas a nivel personal y social ya que, por un lado, afecta el desarrollo integral de los niños y jóvenes y, por otro, hace que seamos más tolerantes a la violencia.  Por lo anterior,  es impostergable su prevención y atención, tanto en el contexto escolar como al interior de las familias. En este sentido, resulta fundamental la colaboración de toda la comunidad educativa.